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Pandemia va ganando la batalla al espíritu de cambio en la universidad colombiana

El Covid 19 se vio como una oportunidad para que la universidad se repensara y modernizara, pero casi 17 meses después, y sin regresar a la normalidad deseada, el sector ha retrocedido.

La incertidumbre que aún reina, pues aunque ha aumentado el interés y la presión para regresar a la presencialidad las condiciones de salud pública no son suficientes para ello, y el temor por los impactos económicos por la reducción en la matrícula o la imposibilidad de haber desarrollado actividades programadas para casi todo el 2020 y el 2021, han silenciado al sector.

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Los innumerables webinars de marzo a junio de 2.020, las múltiples intervenciones proféticas de académicos, investigadores y rectores sobre cómo el Covid obligó a la universidad a acelerar un cambio que debía hacer y que todos sabían que se vendría pero pocos habían apostado a llevarlo a cabo, han pasado a segundo plano. Los directivos universitarios, de por sí poco colaboradores entre ellos, han optado por encerrarse en sus propias IES, a analizar cifras, y a ver cómo mantienen su “modelo de negocio” con el menor impacto negativo posible. Han dedicado más tiempo a lo urgente (mantener el modelo tradicional) que a lo importante: Rediseñar su Universidad, el modelo formativo, el portafolio, los mensajes, la estructura de costos, su público…

Lo preocupante es que aparentemente va pasando la pandemia y la mayoría espera que todo sea como antes, con algunos pequeños cambios, sin considerar que se está perdiendo una valiosa oportunidad para que en esta época las universidades se hubieran sacudido, de fondo, y poder salir fortalecidas en el nuevo escenario.

A esto debe sumarse un hecho que, no cuantificado tampoco, también está causando impacto en las IES: Los enfermos y muertos que, entre directivos, docentes y administrativos, ha ocasionado el Covid 19 . Un mensaje de solidaridad a sus cercanos, con la esperanza de que su difícil pérdida y afectación en la vida de las IES sirva de consuelo y motivación para salir vigorizados de esta pandemia.

Porque hasta ahora el espíritu sectorial poco o nada se ha visto, salvo el envío de unas pocas cartas y el deseo de organizar algunos seminarios web, pero nada más. El trabajo colaborativo sólo se ha visto con pequeños grupos de rectores  que han buscado pescar oportunidades de financiamiento y apoyo de matrícula en diversos anuncios públicos y privados, pero el sector como tal poco o nada ha avanzado en este tiempo.

El llamado sistema, siempre cuestionado porque poco o nada actúa como tal, se ha ido diluyendo aún más. Ni una sola política pública de fondo se ha impulsado para la educación superior, como impacto de la pandemia, y ni los rectores, asociaciones ni el Ministerio han promovido alguna, cuando las circunstancias así lo ameritan: Cómo potenciar la virtualidad en vez de subvalorarla o verla como competencia; cómo apoyar las muchas IES que están en riesgo de cierre por la pandemia; cómo rediseñar criterios de calidad en el nuevo escenario; cómo generar mecanismos de apoyo financiero del estado para las IES privadas; cómo flexibilizar los engorrosos y cuestionados trámites del Ministerio para favorecer la flexibilidad en tiempos de cambio…. estos son algunos de los temas que demandan un esfuerzo colectivo, y que carecen de promotores.

El Ministerio se quedó corto con el programa Plan Padrino, que se desvaneció con el cambio de viceministro y el país desconoce sus resultados; se cree, ilusamente, que el sistema progresa con los debates en torno de los resultados de aprendizaje y el nuevo SAC, que -en últimas- terminan siendo un ruido molesto para rectores y vicerrectores que tienen cosas más importantes que pensar antes que en las plantillas de registro calificado; y el avance de matrícula cero (importante y significativo), fue producto de la presión del paro nacional pero no de una convicción, negociación y construcción colectiva de política pública. Es más, aunque el Viceministerio ha convertido este tema en casi que su agenda única (seguramente por orden presidencial de recorrer todos los departamentos y poner a todos los rectores de IES públicas a levantar el dedo índice -ver las fotos-), la educación superior privada parece haber sido olvidada por el Estado.

No se puede esperar a levantar una voz de alerta en noviembre o diciembre de este año cuando, por fin, el Ministerio actualice las cifras de matrícula a 2.020, para descubrir la verdad que todos saben: El sector (como la mayoría de sectores del país) está golpeado, y si no hubiera sido por las ayudas de los gobiernos departamentales, ahora del nacional y de las propias IES públicas para sostener la matrícula en sus instituciones, la situación sería peor. Pero en la educación superior privada la situación es compleja, muy compleja, y tanto por orgullo de cada IES como de falta de articulación del sector, la situación aún no se ha develado con cifras concretas.

Pero la anhelada postpandemia debe ir más allá de un subsidio económico o cifras de matrícula, y debe traer una Universidad impulsada por nuevos paradigmas, en respuesta a lo que el mercado y la opinión pública viene pidiéndole de tiempo atrás: Cambios, apertura, flexibilidad, tecnología, nuevas visiones y nuevos gerentes.

En mayo de 2.020 El Observatorio de la Universidad Colombiana publicó su pronóstico de los 125 cambios que provocará el Covid a las Instituciones de Educación Superior. 13 meses después de dicho análisis, la mayoría de predicciones se mantienen vigentes, y aún las IES tienen tiempo de reaccionar, si no quieren salir de la pandemia, absorbidas por nuevos jugadores en un mercado en el que los estudiantes sí han comprendido las nuevas dimensiones de la educación y las respuestas que esperan de ésta.

El informe de El Observatorio concluía con esto:

“¡Lo peor que puede pasar es que no pase nada! Si la Universidad apuesta a adaptarse únicamente al nuevo escenario, o a esperar a que llegue el remedio del virus para volver a ser lo que era en marzo pasado, todo se habrá perdido, y en vez de consolidarse, la continuará ahondando el preocupante proceso de deterioro y escepticismo social que venía acumulando antes de la pandemia.

¡El momento del cambio es ahora! ¡Ni antes ni después!”.

Ojalá que este medio esté equivocado y que cuando reseñemos la pandemia como algo histórico, tengamos una universidad para los nuevos tiempos, y actualmente muchas IES estén trabajando más en lo importante que en lo urgente.

Fuente: Ministerio de Educación

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