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¿Para qué sirve un Doctorado?, ¿Qué se aprende en él?

En sus formas el Doctorado cambió, pero no en su objetivo de aportar conocimiento y realizar una tesis. Lo que se aprende se conserva, aunque haya múltiples interpretaciones sobre su utilidad.

La virtualidad, la globalidad, las redes temáticas y académicas, los buscadores web de información (al estilo Google) y los múltiples softwares para procesar de forma analítica y estadística, entre otros muchos desarrollos, han incidido en que cursar un programa doctoral cada vez se aleja más de los tradicionales programas a los que unos pocos privilegiados podían acceder (especialmente por el factor socioeconómico e idiomático), pues les implicaba una dedicación de tiempo completo por varios años, a muy altos costos.

Poco a poco, tener un título doctoral (PhD) ha dejado de ser un sinónimo de élite (aunque en lo intelectual así se sigue considerando), para pasar a ser un requisito habilitante para poder ser vinculado, renovar el contrato en una universidad o subir en el respectivo escalafón docente, participar en determinados concursos, convocatorias y licitaciones, mostrar hoja de vida ante organismos certificadores al estilo del Consejo Nacional de Acreditación – CNA, o la Comisión Nacional Intersectorial de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior – Conaces, y tener visibilidad en los rankings internacionales, especialmente vía publicaciones de grupos de investigación.

Aunque la oferta, áreas, modalidades (muchos virtuales ahora), instituciones habilitadas y duración (con tendencia a la disminución -3 ó 4 años- con respecto al histórico de 6 y hasta 8 años), han cambiado, pero no sus resultados, no ha sido fácil que los “doctores” tradicionales, directivos de algunas IES y funcionarios responsables de procesos de convalidación de programas de doctorado cursados en el extranjero, en Colombia, se flexibilicen para convalidar estos títulos.

También es cierto que salvo en muy contados casos excepcionales, el mercado laboral ya no reconoce salariamente, como antes, un título de doctorado, y si bien estar titulado en este nivel ayuda a tener mejor salario que los magíster, especialistas o profesionales, cada vez es menos difícil para las universidades conseguir docentes y académicos con PhD, lo cual lleva a la baja su salario, en desarrollo de la lógica de más demanda, menor salario.

El afán por tener, sí o sí, académicos con doctorado, ha hecho que aparezcan fundadas críticas relacionadas con que los doctores están para investigar y no para dictar clase (léase crítica de Miryam Ochoa: Obsesión del sistema por los doctorados está perjudicando la buena docencia), que innecesariamente -consideran algunos- hay directivos con título doctoral en labores administrativas, o que se contratan doctorados por doquier sin importar que su área de experticia corresponda al programa académico o línea de investigación, entre otros muchos aspectos.

Así mismo, en ciertas IES el doctorado da un estatus que aleja a los académicos de la sencillez de la ciencia y la humildad frente al conocimiento y los convierte en “vacas sagradas”, a tal punto que poco o nada de actividad productiva realizan y posan más como “bichos raros” que se muestran en cuanta visita de pares, registro, acreditación o convenios se requiera, nada más.

Los aportes concretos que da el doctorado… además del avance en la ciencia

Pero, se asume, que quien logra obtener el título de Doctor(a) -más allá de la candidatura, que es el camino previo en donde se queda la gran mayoría de estudiantes- es alguien que efectivamente se ha consagrado a un objeto de estudio y por la forma como abordó el mismo pudo contribuir a avanzar en el conocimiento del mismo.

A manera de contextualización, estas son las competencias que se alcanzan con el doctorado, presentadas por la española Carmen Simón, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, en una interesante charla denominada “El doctorado: formando profesionales para afronta el siglo XXI”, realizada hace pocos días, y que se puede ver haciendo clic aquí.

  • Metodología: Aplicar adecuadamente metodologías, herramientas y técnicas
  • Innovación: Desarrollo de nuevas ideas, procesos o productos
  • Pensamiento creativo – analítico: Analizar y aveluar las conclusiones y los resultados
  • Gestión de la carrera profesional: Asumir la responsabilidad y gestión de mi desarrollo profesional
  • Contexto laboral: Comprender el funcionamiento de organizaciones, instituciones y empresas
  • Resolución de problemas: Formulación y aplicación de soluciones adecuadas a problemas y retos
  • Comunicación eficaz: Comunicar información de forma efectiva y con confianza a diferentes audiencias
  • Creatividad: Ser imaginativo, pensar de forma innovadora y desarrollar nuevas ideas
  • Flexibilidad: Responder rápidamente a los cambios y adaptarse fácilmente a nuevas situaciones
  • “Networking”: Desarrollar, mantener o utilizar redes o colaboraciones
  • Conocimiento de la materia: Demostrar una comprensión teórica y práctica del área de estudio y de su contexto
  • Gestión de proyectos: Planificar, gestionar y entregar proyectos a tiempo
  • Trabajo en equipo y liderazgo: Trabajar de forma constructiva con lo compañeros, reconociendo su contribución e identificando fortalezas y sacando lo mejor de ellos
  • Idiomas: Comunicarse eficazmente en una lengua distinta a la materna
  • Habilidades de emprendimiento: Capacidad de desarrollar, organizar y gestionar un proyecto empresarial y sus riesgos
  • Propiedad intelectual: Entender cómo gestionar los derechos de propiedad intelectual

Fuente: Observatorio de la Universidad Colombiana

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