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Aunque el rector de la U. del Norte, Adolfo Meisel, justifica el numeroso recorte de personal a finales de 2023 como un “reajuste normal”, lo cierto es que las cifras económicas y la demanda de estudiantes explican la medida.

Lea: Los recortes de personal en la U. del Norte, una muestra de lo que está pasando en las IES privadas

En una posición, comprensible desde una mirada gerencial y organizacional, dirigida a amortiguar el impacto de la noticia y evitar el posible pánico entre la comunidad universitaria, Meisel Roca, ha dicho, en una entrevista en el diario El Heraldo (principal medio escrito de Barranquilla), que lo sucedido en Uninorte no es una crisis, sino un reajuste normal en la vida de una institución.

Para ello, explica, que lo que está haciendo su universidad (tal vez la más prestigiosa, en calidad, reconocimiento, y costo, de todo el Caribe colombiano), es adelantarse a los impactos de la transición demográfica (familias con menos hijos y, por ende, menos estudiantes), de la inflación y de la necesidad de congelar precios de matrícula.

A esto habría que complementar con el impacto que han causado sobre la oferta privada las políticas de gratuidad del gobierno nacional, que sólo benefician a los estudiantes de IES públicas y el fin de programas que, por buen tiempo, soportaron la matrícula en su universidad.

Lo que revelan las cifras

A la pregunta de El Heraldo sobre si en la Uninorte se han caído las matrículas, el rector respondió: No, ni siquiera cuando se hablaba de un colapso de matrículas por el covid. Antes, nos aumentó ligeramente”.

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No obstante, al validar las cifras oficiales de la propia Universidad, a través de sus boletines estadísticos anuales, se ve que la matrícula total (de pregrado y de posgrado) sí se ha visto afectada. Ver gráfico.

Nota: Uninorte es una de las pocas IES que, responsablemente y de forma transparente, hace públicos sus informes de gestión financieros y estadísticos.

El Observatorio de la Universidad Colombiana analizó el comportamiento de la matrícula, programas y personal académico y no académico de la Universidad de Norte desde 2013 hasta 2022 (último año con cifras publicadas), para identificar la evolución institucional de la población de dicha IES en la última década.

La Universidad del Norte tuvo un incremento importante de estudiantes entre 2017 y 2018, y desde entonces comenzó a caer y hoy tiene una matrícula parecida a la que tenía hace 7 años.

¿Por qué creció y luego cayó en número de estudiantes?

La respuesta está especialmente concentrada en los programas de incentivo gubernamental como Ser Pilo Paga, Generación E y otros de becas empresariales y de medios de comunicación (como el programa Pa´lante Caribe, impulsado por W Radio), que ayudaron a incrementar la matrícula.

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El más determinante fue Ser Pilo Paga (SPP), promovido por el entonces presidente Juan Manuel Santos y su ministra de Educación Gina Parody (ambos en la foto), y que consistió en que el Gobierno Nacional entregaba, sin retribución alguna, una beca completa y gastos de sostenimiento a los mejores 10 mil bachilleres por año (40 mil en el cuatrienio), quienes libremente escogían qué programa cursar y en qué universidad. La institución seleccionada por el estudiante recibía directamente los recursos del Gobierno.

Por su calidad, y costo (que pasaba a ser gratis para los beneficiarios de SPP), estos se inclinaron especialmente por universidades de prestigio como la del Norte, que fue una de las que más recibió beneficiarios, así como universidades similares como Los Andes, la Javeriana, La Salle y La Sabana).

A decir de muchos, SPP se convirtió en una lotería que se ganaron las universidades privadas, pues les representó un importante ingreso financiero que no tenían contemplado. Fueron alrededor de cuatro billones de pesos que invirtió el gobierno en todo el programa y se calcula que cerca del 85% al 90 % de estos recursos llegaron a las universidades privadas.

Muchos de esos recursos de Ser Pilo se vieron reflejados en majestuosos edificios, auditorios, laboratorios y espacios de bienestar en varias de estas universidades privadas, con lo que pudieron aumentar sus activos no corrientes (propiedades y equipo), aunque también sus gastos permanentes en servicios públicos, funcionamiento, aseo y vigilancia, que deben ser asumidos directamente por las IES.

Toda esta situación generó una “inflación” en los costos de operación de muchas IES beneficiarias, por el aumento que hicieron en profesores, con mayores niveles de cualificación, así como de personal administrativo. Y al caer la demanda de estudiantes eso dejó de ser rentable. Todas las IES colombianas privadas dependen, esencialmente, de los ingresos por matrícula. Uninorte, por ejemplo, vio cómo mientras pasó de 132 programas en 2.013 a 149 en 2022, su matrícula de estudiantes (con el mayor número en 2.018, de 15.820 matriculados), se redujo a 13.708 en 2.022 (una caída del 14 %).

Y para rematar… llegó el covid

Tras el fin del gobierno Santos, llegó el presidente Iván Duque, y su ministra de Educación, María Victoria Angulo, en respuesta a las cada vez más fuertes críticas de profesores y estudiantes de la universidad pública -recuérdese el paro universitario de 2018- sobre la manera como recursos públicos estaban acabando en las tesorerías de las universidades privadas, decidió cambiar la modalidad de Ser Pilo Paga, asestando un duro golpe a universidades como Uninorte.

Entonces surgió “Generación E”, que fue el reemplazo de SPP, y que priorizaba los beneficios en las IES públicas acreditadas y dejaba un pequeño margen de beneficios para las privadas.

Pero llegó el Covid en 2020 y el paro nacional en 2021, lo que llevó al gobierno a crear la Matrícula Cero, o la política de gratuidad en educación superior para jóvenes de estratos bajos únicamente en IES públicas, con lo que desapareció el incentivo a las privadas. Dicha política se mantiene con el actual gobierno que, explícitamente, no está interesado en apoyar la educación privada.

¿Qué quedó de todo esto para las universidades privadas? Mientras que con los recursos para matrícula cero o gratuidad en las públicas, éstas vienen creciendo, las privadas se quedaron con más programas y menos estudiantes, con mayor infraestructura y más costos de funcionamiento, y con menos ingresos por matrícula.

Por ejemplo, en el caso de Uninorte, la institución creció en programas y activos no corrientes (como propiedades y equipos), pero no en número de estudiantes. Mientras que entre 2021 y 2022 su excedente operacional fue negativo en 11.889 millones (3.720 en 2021 y – 15.609 en 2022) -es decir, saldo en rojo-, la “ganancia” o excedente entre 2.017 y 2018 (los años de las vacas gordas) fue de 42.337 millones (23.546 en 2017 y 18.791 en 2018).

Por su parte, las inversiones realizadas por las universidades se ven reflejadas en los activos no corrientes. Uninorte cerró 2.017 con 546 mil millones de pesos en activos no corrientes, los que ascendieron, en 2022, a 722 mil millones.

Pero el pasivo corriente (es decir, las deudas por pagar y cuentas varias) aumentó, en el mismo periodo, de 41.907 millones en 2017 a 157.818 millones de pesos en 2022. Esto es, compromisos financieros a cubrir, mucho más altos que en la década anterior.

Pero el caso de Uninorte no es único. Es, por ahora, tal vez el más visible. Aunque son muchas las universidades privadas que en vez de hacer un recorte masivo lo vienen haciendo, de tiempo atrás, a cuentagotas, pues además de los recursos que les dejó la bonanza de Ser Pilo Paga y los aumentos de matrícula uno o dos puntos por encima del IPC en aquellos años, han sacrificado gran parte de sus colchones financieros como resultado de la pandemia, y la desaceleración de la demanda les ha llevado a congelar matrículas o incrementarlas por debajo del IPC, a la vez que muchos de sus costos de funcionamiento han subido con el costo de vida.

Las acreditadas por lo menos contaron con la bonanza de Ser Pilo Paga, pero la mayoría de IES, que son privadas y sin acreditación institucional, han tenido que lidiar con esta situación a la deriva del voraz mercado de oferta y demanda.

Y acreditadas o no, han tenido que bajar matrículas.

La forma como Uninorte ha venido bajando, en costo de salarios mínimos legales vigentes (smlv) -ver cuadro-, el valor de la matrícula de sus programas corresponde a una tendencia del sector privado. Así, con menos estudiantes, más programas y menor costo de matrícula, los ingresos cada vez son más restringidos.

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Valor del semestre en UNINORTE en smlv del año respectivo201720222023
  – Medicina18,4519,0218,4
  – Arquitectura11,7311,1810,81
  – Ingeniería Industrial11,6411,210,83
  – Administración de empresas11,2610,8410,48
  – Ingeniería Electrónica10,8210,4110,07
  – Ingeniería de Sistemas /Civil9,499,138,83
  – Derecho9,399,038,73
  – Economía8,958,458,17
  – Psicología /Comunicación Social8,388,067,79
  – Enfermería5,985,545,36
  – Contaduría5,615,355,17

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El panorama, por ahora, no es alentador, y gradualmente en el grueso de las IES, especialmente privadas, se comienzan a ver síntomas preocupantes: Congelación y disminución de salarios, aumento de las cargas docentes, eliminación de cargos no considerados prioritarios, suspensión o reversa en proyectos de infraestructura, delimitación de presupuestos para funciones como investigación, extensión e internacionalización y pérdida de protagonismo de la acreditación como una apuesta por la calidad y la competitividad.

Y aunque la educación superior se defienda como un derecho, especialmente por parte del actual gobierno, por ahora sigue siendo un servicio público de carácter social, y lo cierto es que este drama lo están viviendo calladamente cada rector e institución. Las asociaciones de IES no se atreven a hablar y, en medio de ese silencio, el gobierno se hace el de la vista gorda.

Fuente: Observatorio de la Universidad Colombiana.