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Esta es la esclavitud del siglo XXI

Con más de ocho millones de vistas en Youtube, Rappi busca conseguir adeptos con un video promocional lleno de mensajes  como: “Soy mi familia, independencia, mi tiempo”. En esos segundos todo es color de rosa, libertad y tranquilidad. Se ven ciclistas radiantes de alegría que atraviesan Bogotá. También aparece un niño que salta sobre su padre que duerme hasta tarde y una rappitendera  que se toma la mañana con calma y un buen café. Es, para resumir, la publicidad de una de las startups (emprendimiento) con más rápido crecimiento que entró a la lista de las 100 mejores del país, según la revista Forbes.

“En Bogotá queda la sede principal de Rappi, una plataforma que con apenas cinco años de vida es una de las compañías tecnológicas más importantes de América Latina, con una valuación superior a los US$3.500 millones”, dicen en Forbes.

Pero esta es la cara. Falta la cruz de la moneda: “Son todas promesas engañosas. Siempre le pintan al público que en Rappi somos nuestros propios jefes, cuando en realidad estamos cada vez más sometidos a lo que nos ordena la aplicación [digital]”, afirma Andrés Barbosa, de 27 años y quien fue repartidor de Rappi hasta que, indignado por sus condiciones laborales, fundó con otros rappitenderos la Unión de Trabajadores de Plataformas (Unidapp), el primer sindicato en Colombia de repartidores de aplicaciones digitales como Uber Eats, Mensajeros Urbanos y Rappi.

Al igual que otros repartidores, Barbosa trabajaba más de ocho horas diarias para conseguir su sustento y el de su familia con Rappi: “Eran jornadas más o menos de 12 horas para conseguir por ahí $60.000. Duro. Comenzaba a las 7 a.m. y hasta las 9 p.m», asegura Barbosa.

Parece que la independencia solo se ve en los videos. En realidad, los rappitenderos la tienen cada vez más cuesta arriba: la startup de los 3.500 millones de dólares disminuyó en casi la mitad el sustento mínimo de los repartidores en plena pandemia, mientras registraba cifras de uso sin precedentes por el confinamiento obligatorio, con un alza histórica de casi el doble de pedidos, según reporta Unidapp.

Tanto es así que decidió acelerar su plan de crecimiento mientras que los rappitenderos resisten jornadas de trabajo de 10 y 12 horas, mientras están con la compañía a través de un contrato civil y comercial, en vez de tener una vinculación de índole laboral.

Según Forbes, Rappi es es una de las compañías tecnológicas más importantes de América Latina, con una valuación superior a los US$3.500 millones en cinco años de vida.

Por este motivo, explica Fabio Arias,  fiscal de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) “Rappi no paga seguridad social aduciendo que [los rappitenderos] no son trabajadores de ellos, sino colaboradores y por tal motivo la figura de colaborador es una figura del régimen civil y comercial y no del régimen laboral, que es la única parte donde se habla de seguridad social”.

Por esto, el pasado 15 de agosto alrededor de tres mil rappitenderos salieron a protestar a las calles de Bogotá en la que hasta ahora es la manifestación más grande contra la compañía desde 2017, año en comenzaron a manifestarle a la startup su malestar.

Ante el silencio de los directivos de la aplicación frente a la reducción de las tarifas mínimas y otros cambios en las condiciones laborales durante la pandemia por el coronavirus, los rappitenderos decidieron manifestarse de nuevo el pasado 8 de octubre en el cuarto paro internacional de repartidores. Afirman que el cambio no da espera.

Mientras tanto, Unidapp y rappitenderos consultados para esta nota aseguran que Rappi sigue sin hacerse responsable de los riesgos o accidentes laborales a los que los repartidores están expuestos, aún cuando la compañía ha recibido inversiones por más de dos mil trescientos millones de dólares desde su creación, siendo la más grande de ellas por mil millones de dólares, en agosto del año pasado por parte del holding japonés SoftBank Group Corp.

 

Cambio de reglas del juego

El 18 de febrero de este año Rappi le dio un vuelco a las reglas de juego que rigen su relación con los repartidores. Anunció la implementación de un nuevo sistema de puntuación que les impide trabajar como lo venían haciendo desde hace años: en el momento de su elección, sin presiones por conectarse a la aplicación y en la zona de la ciudad que más les convenía, usualmente aquellas de más demanda. Pero esto cambió.

Así luce la aplicación de Rappi para un repartidor que, al no tener suficientes PuntosRappi sólo puede trabajar en municipios aledaños a Bogotá.

Los PuntosRappi, como los denomina la compañía, son calculados con base en la tasa de aceptación de los repartidores. El sistema premia a quienes acepten la mayor cantidad de pedidos posibles y a su vez penaliza a quienes rechacen o ignoren los pedidos que arroja la aplicación.

La compañía asegura que el sistema fue creado pensando en los repartidores y ofrece «mejores oportunidades para los mejores rappitenderos«. Pero en la práctica este nuevo sistema por puntos genera jornadas más largas de trabajo, si lo que quieren es conseguir métricas que la compañía considera satisfactorias y así poder elegir dónde y cuándo trabajar.

Así lo aseguró Sergio Andrés Solano, rappitendero y coordinador nacional del Unidapp: “Con los puntos mensuales tienes que trabajar todos los días sin descanso y tomar todos los pedidos que te asigne [la aplicación], así estén por un valor de $1.500” o tan distantes como para considerar no hacerlos. Esto es un sometimiento casi esclavo al tener que trabajar largas jornadas de 10 a 16 horas diarias para poder calificar a un turno de trabajo” y así conseguir ganancias totales que fluctúan entre  $40.000 y $60.000 pesos por día, entregando entre 10 y 15 pedidos.

Quienes no cumplen con las metas de puntuación impuestas por la compañía no logran ingresos durante gran parte del día aunque estén disponibles y dispuestos, pues están sujetos a la posibilidad de que la aplicación habilite como única opción la de repartir en lugares alejados o inclusive en otros municipios, como Soacha o Chía, para el caso de Bogotá.

 
Un grupo de rappitenderos esperaban pedidos el 8 de octubre de 2020, durante el cuarto paro mundial de repartidores de plataformas. Rappi incentivó a que los rappitenderos trabajaran ese día medio de promociones y bonos.
 

Junto a la reducción tácita de las tarifas de pago y las restricciones al trabajo derivadas del sistema de puntos, desde mediados de marzo cuando se decretó la cuarentena estricta por la pandemia, Rappi dispuso en Bogotá un equipo de supervisores motorizados que además de repartir elementos de bioseguridad, tramitan el bloqueo de las cuentas de repartidores que violen las medidas de bioseguridad o los términos y condiciones, dando por terminada su relación con la compañía e impidiendoles volver a trabajar con la aplicación, según detallan en Unidapp.

“Les dicen ‘bloqueos’ pero no son otra cosa que despidos masivos”, afirma Carolina Hevia, coordinadora administrativa de la Unidapp, pues según cifras de Rappi tan solo en marzo y abril 1.500 rappitenderos quedaron volando luego de que, sin mayor explicación, les fuera bloqueado el acceso a la aplicación. Sin un debido proceso, sin preguntar y sin mediar ninguna justificación de desvinculación con justa causa.

El sindicato asegura que aunque una parte de los bloqueos son legítimos, la mayoría son injustificados pues son realizados de manera masiva, luego de que el personal contratado por Rappi fotografiara de manera indiscriminada los números que se encuentran impresos en las maletas de los repartidores, ya que al ser personal e intransferible este código los identifica frente a la compañía.

Unidapp comenzó en agosto de 2020 a recoger y sistematizar quejas de repartidores que afirman haber sido bloqueados sin razón aparente y sin haber incumplido los protocolos de bioseguridad. Desde entonces el sindicato ha recogido más de 400 denuncias de rappitenderos, que día a día cuentan en grupos de Facebook y Whatsapp cómo pierden su trabajo mediante un escueto comunicado de bloqueo, que se manifiesta en sus celulares, dejando en la práctica a cientos de ciudadanos en el desempleo.

 

Según la encuesta: ‘Quienes son los rappitenderos’ se logró una caracterización de 318 repartidores realizada en 2019 en Bogotá por el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario. Allí, el 81% dijo depender de la aplicación para conseguir sus ingresos y el 59% es cabeza de familia. El mismo estudio muestra que ya para entonces era común que la población Rappi trabajara más horas que la jornada laboral ordinaria, con casi un 50% de la muestra.

 

Una jugadita que generaría ventas de maletas naranjas

La suspicacia de Unidapp y de los repartidores frente a la legitimidad de los bloqueos de miles de repartidores también es fruto de que los brigadistas de Rappi han sido denunciados por rappitenderos en redes sociales por supuestamente generar un clima de acoso y hostigamiento en las calles hacia los repartidores al realizar su labor, según denuncian, en connivencia con agentes de la Policía Nacional y de Migración Colombia.

“Es frecuente que los brigadistas [supervisores de Rappi] lleguen acompañados y en colaboración con Migración Colombia o la Policía Nacional a puntos donde hay muchos rappitenderos reunidos, como en los centros comerciales. No es claro el porqué y no debería suceder que las entidades del Estado estén trabajando de la mano de los intereses de un privado como Rappi”, afirma Barbosa líder de Unidapp.

Alejandro Lanz, codirector de Temblores, una ONG que le hace seguimiento al abuso policial, asegura que su equipo ha corroborado lo denunciado por el sindicato y que en múltiples ocasiones han podido verificar: “cuando [los rappitenderos] han convocado a paros, movilizaciones o a protestas sociales, [las autoridades] han sacado a funcionarios de Migración Colombia para hacerles control a las personas venezolanas que hacen parte de la plataforma. También hemos visto una serie de prácticas ilegales e ilegítimas en donde la Policía va acompañada de los brigadistas”.

Entre ellas, asegura Temblores, acceder a los celulares de los repartidores, incautarles sus bicicletas y las vistosas maletas anaranjadas (venidas por Rappi por alrededor de $130.000), además de multar a los rappitenderos por infringir la cuarentena, instantes después de ser bloqueados por los brigadistas motorizados de la startup por no cumplir con medidas de bioseguridad.

 
Miembros de Unidapp increpan a un ‘brigadista’, miembro de un grupo de seguridad privada contratada por Rappi. El supervisor estaba fotografíandoles con su celular el 8 de octubre, durante el cuarto paro mundial de repartidores de plataformas.
 

En un derecho un petición con el que Unidapp solicitó al Ministerio del Trabajo que mediara un diálogo con la compañía, el sindicato asegura que el bloqueo de cuentas le sirve a Rappi como “método para depurar [rappitenderos] y luego ingresar nuevo personal y hacer la venta de dotación como maletas o gorras por un costo cada vez más elevado”. Si se calculan los ingresos por la venta de 905 maletas mensuales, el número de repartidores bloqueados en abril, a la startup le entrarían unos $117.650.000.

Sandra Muñoz, abogada laboralista que asesora a Unidapp desde el Solidarity Center, una organización sin ánimo de lucro de la AFL-CIO, el sindicato más grande de los Estados Unidos, también asegura que además de dejar en el desempleo sin un debido proceso a miles de repartidores Rappi podría terminar beneficiado por los bloqueos: “se dan el lujo de desconectar [rappitenderos] y conectar [otros] nuevos sin el control de nadie. Incluso uno podría pensar que esa es la estrategia de Rappi para no tener mucha gente por mucho tiempo en las plataformas. Eso es muy perverso, pero puede estar pasando».

Muñoz agregó que el emprendimiento más exitoso de Colombia podría estar adoptando una práctica común de la precarización laboral: la de constantemente renovar su fuerza de trabajo, en este caso por medio de bloqueos para progresivamente deshacerse de la inconformidad de los repartidores que llevan más tiempo trabajando con la plataforma. De hecho, en abril, con una tasa nacional de desempleo del 19,8%, la compañía comunicó que solo en Colombia 45 mil personas estaban en ‘lista de espera’ para utilizar la aplicación.

 

¿Emprendedores independientes o trabajadores?

En Colombia no existe regulación sobre el trabajo en plataformas web, por lo que actualmente solo un juez puede determinar la naturaleza de la relación contractual entre los repartidores de plataformas digitales y las empresas. Por eso el Ministerio del Trabajo rechazó en un primer momento la solicitud de Unidapp para cumplir su rol de mediador y garante en una eventual mesa de negociación entre los repartidores y la aplicación.

 

Frente a la pregunta de qué hará el MinTrabajo para atajar la precarización laboral de los rappitenderos Ligia Stella Cháves Ortiz, viceministra de relaciones laborales, afirma que el tema “no les corresponde”, pues se trata de “un modelo de negocio y los negocios son regulados en estas empresas por la superintendencia de Industria y Comercio”.

Mientras que Rappi ha sostenido que los repartidores son emprendedores independientes, Unidapp y asociaciones de trabajadores de la economía colaborativa alrededor del mundo reivindican todo lo contrario. La compañía interviene en todas las partes del negocio y es elemento central de la operación, como argumentó la Superintendencia de Industria y Comercio SIC en resolución de 2019. Allí ordenó a Rappi cumplir con la normatividad del comercio electrónico al tratarse de una plataforma web que no es un mero portal de contacto.

El que la gente se refiera a ‘Rappi’ cuando llega su domicilio es indicativo que para el consumidor promedio, aunque inconsciente, también es clara la subordinación que tiene los rappitenderos hacia la aplicación, afirma la abogada Muñoz. Y explica: “¿Cómo perciben los usuarios a los repartidores? No cómo ‘llegó Pepito Perez, independiente, con su propia empresa y su marca a traer el domicilio’ sino como: ‘¡Llegó el Rappi!’”

 
Manifestantes marchan hacia el Ministerio del Trabajo durante el cuarto paro mundial de repartidores de plataformas, el 8 de octubre de 2020.
 

Mientras que esta realidad ha hecho parte de la argumentación de sentencias judiciales que han reconocido relaciones laborales entre repartidores y las compañías en países como Estados UnidosBrasil y España, en Colombia ninguno de los tres proyectos de ley relativos a los repartidores de plataformas digitales que cursan este momento en el Congreso van encaminados en esa dirección.

 

“Ni independientes, ni contratistas, ni facilitadores, nosotros somos tra-ba-ja-do-res”

En noviembre de este año Unidapp lanzará una aplicación móvil que funcionará como plataforma del sindicato. Prestará asesoría jurídica gratuita a los repartidores y espera, a largo plazo, probar que Rappi ha camuflado la subordinación de los repartidores a la aplicación, haciéndolos pasar como falsos trabajadores independientes.

Vanagloriada por ser la primera startup colombiana con un valor estimado en el mercado de más US$3.5000 millones, según Forbes, Rappi solo ha reportado pérdidas en nuestros sistemas de recaudo nacional desde su creación en 2015, pues sus costos operativos siempre han superado sus ganancias, de acuerdo a lo declarado frente a la Cámara de Comercio de Bogotá. Solo en 2018 los gastos netos de su operación superaron sus ingresos por más de ciento cincuenta y cinco mil millones de pesos.

Esto a pesar de que cada vez son más los servicios que ofrece. Hasta el valor de la dignidad lo ha puesto en venta: en una publicidad de 2019 Rappi ponía a disposición a los repartidores para comprar la dignidad perdida de los clientes y llevárselas a domicilio (ver gif). “Es el colmo del descaro. Nos hacen ver como unos supuestos independientes pero a la vez disponen de nosotros para afirmar que hasta la dignidad del cliente la podemos llevar a domicilio, a costo de la nuestra propia.”

La sociedad matriz Rappi INC está constituida con las leyes de Delaware, un estado de Norteamérica con características similares a las de un paraíso fiscal. Por eso no se puede saber a ciencia cierta cuánto es su patrimonio, porque lo que se deposita en Delaware solo lo sabe Delaware.

 Fuente: Diario Cuestión Pública
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