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En la educación se debe pasar de lo contemplativo a lo vivencial

Reflexiones en torno al XIV Congreso RedPop (Red de Popularización de Ciencia y Tecnología para América Latina y el Caribe).

Dice María Acaso refiriéndose a un público de divulgadores científicos y hablando acerca de la bien nombrada pedagogía sexy, así como tituló su último libro, publicado en España, donde nació que lo que los profesores enseñan no es lo que los estudiantes aprenden, que hay que cambiar las dinámicas de poder en la escuela y pasar del simulacro a la experiencia. Esto, entre un universo de coqueteos a la formación. Sus propuestas giran en torno a la posibilidad de una educación, en sus palabras: personalizada, participativa, corporal, excitante y descentrada, siendo apenas pinceladas para devolver el placer al aula.
Lo que ella describe como “Educación taylorista: profesores capataces y alumnos peones” es un minúsculo ejemplo de que el panorama educativo exige un mapa de ruta distinto, y al ella ser líder de la Escuela de Educación Disruptiva (EDD) de la Fundación Telefónica, propulsa, entre otros, el proyecto #rEDUvolution con el que demuestra por qué considera que el sistema de enseñanza actual es obsoleto.
Estuvo en Medellín en el XIV Congreso RedPop (Red de Popularización de Ciencia y Tecnología para América Latina y el Caribe, creada a instancias de la Unesco) que tuvo lugar en el Parque Explora. En esa conversación hace algunas insinuaciones que nada mal le caen al sistema educativo en Colombia.
Hubo algo que me hizo perder interés en el porqué de las pasadas manifestaciones de profesores en Colombia: una pancarta que decía algo semejante a “La educación en el país está como la situación sentimental de la ministra: pura mamadera de gallo”, haciendo alusión a su sexualidad. ¿Qué piensa, para empezar, de tal cortesía docente?
Lo primero que hay que cambiar en la educación en el mundo, especialmente en Latinoamérica y en España, es el imaginario de lo que es la educación. En general, se traduce como uno en donde la estética de la escuela es de un lugar feísimo, pero nos da igual porque como es para que los niños se queden qué importa, y en donde el docente se ve no como un productor de conocimiento, sino simplemente como un cuidador de niños. El docente tiene que convertirse en un intelectual transformativo, alguien que realmente sea capaz de transformar la sociedad. Hace falta una verdadera política de formación al profesorado diferente, si lo hacemos conseguiremos que haya muchos agentes de cambio, necesitamos a profesores que se estén formando de una manera completamente distinta a la de ahora. Siempre que llega un ministro nuevo de educación lo primero que hace es cambiar las políticas públicas de educación y ese no es el punto; sea de derecha o sea de izquierda lo primero que tiene que hacer es cambiar la manera en la que el profesorado se forma.
¿Cómo sería esa formación de formadores?
Exactamente no sé cómo está la situación en Colombia, pero en España es nefasta, es decir, la gente que se dedica a ser profesor muchas veces cubre el imaginario de que se trata de mujeres jóvenes a las que les preguntas: ¿Por qué quieres ser maestra? Y contestan: Porque me gustan los niños. ¡No! No tienes que dedicarte a la educación por eso, es porque quieres cambiar lo que existe y crear conocimiento. Primero, cambiar cómo se accede a la formación del profesorado. En el paradigma finlandés uno de los grandes cambios es ese: quienes se dedican a ser maestros son los que tienen las mejores notas de los expedientes y entonces eso se revierte en todo lo demás, mientras que en España, por ejemplo, realmente se dedican a la carrera del magisterio quienes tienen expedientes más bajos. Segundo, todos los planes de estudio relacionados con la carrera del magisterio son totalmente instrumentales, son de diseño de unidades didácticas que luego no sirven para nada o de tecnología, cuando realmente lo que hay que hacer son asignaturas que estén directamente relacionadas con la política de los afectos, con neuroeducación, con la estimulación de la creatividad del profesorado, con la estimulación crítica, no sé, se me ocurren muchos temas que serían más interesantes que los currículos que están creando. Y una vez que han salido las maestrías y los másteres, más la necesidad de que tenemos que incidir en la idea de que un profesor se tiene que seguir preparando toda la vida, y dotarle las herramientas para que realmente puedan hacerlo, configura un nivel de formación del profesorado extenso y súper motivador que ahora mismo no lo tenemos.
¿Cómo hacer que el cambio suceda?
Cómo, pues bien: aquí en Medellín hay algo maravillo que es MOVA –Centro de Formación al Maestro que creo es una apuesta interesante (y no cosmética) con la que la Gobernación se da cuenta de que la innovación no solamente viene de hacer maravillosos edificios o trabajar con los empresarios; podemos trabajar en innovación con los niños y los jóvenes si formamos a los maestros. También es muy interesante que haya otros lugares que no sean solamente las universidades las comprometidas con procesos de innovación. En España está ocurriendo con los museos, la EDD que lidero está hecha en un espacio expositivo. También trabajé en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MacBa) que tiene unos planes de formación del profesorado muy interesantes. Es decir, se necesita que la formación del profesorado se deslocalice. Esa responsabilidad de sacar a los profesores la tiene que tomar la sociedad en general, no podemos dejársela solo a una institución.
A mí me genera mucha curiosidad que se enseñe en muchos colegios de Colombia, salesianos en su mayoría, ciencia y religión. ¿Cómo comprende esto desde la educación disruptiva?
Para empezar pienso que lo primero que se tiene que hacer es quitar la religión de la escuela. O sea, la educación tiene que ser laica y la religión la tiene que adaptar cada familia en su casa, pero como efectivamente esto es imposible porque en España pasa algo parecido, creo que lo que hay que impulsar sobre todo es una visión crítica del alumnado. Es decir, que seamos capaces de hacerle reflexionar al alumnado sobre cuál es la teoría de la evolución de Darwin y cuál es la teoría de la Iglesia, e incentivar a los alumnos a que tomen sus propias decisiones. En España está sucediendo algo muy interesante ahora mismo y es que los jesuitas de Cataluña han impulsado un proceso de innovación en sus escuelas sin precedentes, en el que han tirado las paredes, han quitado los exámenes, han quitado las asignaturas, etc., y dentro de ese proceso sigue la religión como un elemento básico. No se le puede dar una solución al problema desde el profesorado; lo que hay que hacer es invitar a los estudiantes a que generen su propio cuerpo de conocimientos.
En Colombia hay varios colegios con pedagogía Waldorf, con el método Montessori u otros afines, así como aquellos que implementan lo que sugiere la ley magisterial, que es el caso de los públicos, o bien los salesianos; sin embargo, los primeros son muy costosos, así que cierto modelo de educación es “privilegio” de pocos… 
Volvemos al mismo problema; si todos estuvieran formados en una metodología alternativa, llámese Waldorf, Montessori o Disruptiva, lo que queramos, y eso lo trasladásemos a la educación estatal, funcionaría igual de bien y sería gratis. Entonces formemos a los profesores para que trabajen en metodologías que estén adaptadas al siglo XXI, estén donde estén, y si son gratuitas mejor porque podrían llegar a todo el mundo.
Y cuando hay resistencia por parte del profesorado, ¿cómo enseñarle? ¿Cómo formar a un formador cuyo argumento es una ofensa, por ejemplo?
Aquí entramos en un tema que tiene que ver con mi último post del blog (http://mariaacaso.blogspot.com/) que titulé: “Pedagogías clandestinas. Cuando por fin los innovadores dejamos de pedir permiso”. Este tema que tú me comentas tiene relación con algo que en España es muy grave y es que los profesores que innovamos somos los clandestinos de los centros, y aquellos que no innovan y no lo quieren hacer se sienten cómodos porque siguen siendo la mayoría. Pero esto está empezando a cambiar; creo que las instituciones tienen que darse cuenta de que somos los innovadores a los que tienen que premiar y a los que se resisten, desde luego no pueden tener bonificaciones por hacerlo. Hasta ahora es eso lo que está ocurriendo: a los innovadores los situamos en la clandestinidad y a los demás, a los que como digo yo tiran el bolígrafo en cuanto se acaba la hora lectiva, no los puedes echar o imputar, pero sí puedes hacerles ver es que están empezando a ser la minoría y cuando se sientan desplazados a lo mejor es cuando se vuelvan de este lado.
Más allá de la calificación, ¿qué hay con el asunto de la aprobación? ¿Defiende la educación cualitativa?
No podemos vivir en la utopía. Las calificaciones son necesarias, el sistema nos lo pide. Veo muy difícil que desaparezcan en un futuro próximo. Creo en una educación cualitativa, pero sé que el sistema no lo va a permitir, entonces por eso mi propuesta siempre es: descentremos la evaluación como el foco del proceso. La idea de la quinta y última microrevolución: tenemos que pasar de una educación que está basada en la evaluación a una que esté basada en el aprendizaje porque, paradójicamente, no hay educación si no hay aprendizaje, por lo tanto, si sólo hay evaluación, no hay aprendizaje. Recuperemos el placer, esa efervescencia que está unida a la pasión por el conocimiento. Volvemos al imaginario: cómo nos imaginamos en el futuro y cómo nos imaginamos incluso en el presente. El cambio de imaginario en la educación misma hará que haya un cambio de imaginario de raza, de género y de clase, que son los tres paradigmas de siempre.
Ha dicho que hemos pasado de ser ciudadanos para convertirnos en hiperconsumidores y citó el ejemplo de las provocaciones de conducta mediáticas de Miley Cirus. Pensé en la maquinaria de los medios como “vehículo pedagógico” y me preguntaba si existe un camino posible de reafirmación cultural estando América Latina tan colonizada por Norteamérica.
El problema de Miley Cirus lo vamos a tener siempre porque la hegemonía cultural norteamericana va a ser muy difícil de parar. ¿Qué podemos hacer? Educación artística, alfabetización visual. Formemos a los profesores para que enseñen a los niños a ser consumidores críticos, hay muy poco desarrollo de pensamiento crítico y si éste fuese central (unido a la idea del profesor como intelectual transformativo y a la idea de la escuela como un lugar de reflexión) se descentralizaría esa colonización visual a través de los medios; mientras el pensamiento crítico no exista, los medios van a poder hacer lo que quieran. Hay que incidir en otras manifestaciones que no son manualidades, la educación en artes y en imagen es un elemento central porque vivimos en una sociedad que está llena de imágenes, entonces tenemos que abandonar esa idea de que las asignaturas duras como matemáticas, español o historia son las importantes cuando vivimos polucionados por imágenes y quizá las importantes sean las que no se piensan como tal.
¿Qué observación tiene con el tema del género en la educación?
Uy bueno, soy superfeminista. Este es otro de los super grandes temas y además es otro problema absolutamente educativo. Otra vez hablamos de reflexión y de empoderamiento de las niñas desde que son pequeñas para situarlas en un imaginario en el que sean igual de poderosas que los hombres. O sea, si el imaginario de las mujeres sigue siendo básicamente madre o prostituta, que no hay mucho más, entonces volveremos otra vez a una educación en la que las mujeres dejen el sistema educativo. Justamente con respecto a este tema hay un movimiento que a mí me interesa muchísimo que es el de “No soy mandona, soy líder”, ya que en la escuela se sigue perpetuando esta idea de que no está bien que una mujer tenga grandes dosis de poder. Si nos vamos a las películas de Disney, en general todas las mujeres que tienen grandes dosis de poder son malévolas: la bruja, la reina perversa, la maléfica. El escenario para cambiar esto es la escuela y que se identifique el poder femenino como uno positivo, como uno transformador.
Transformando la pedagogía con María acaso
La investigadora española trabaja desde hace más de 20 años en la Universidad Complutense de Madrid, en la innovación del aprendizaje, mezclando las diferentes áreas del conocimiento, como lo son el arte y la filosofía.
Desde el año 2010 forma parte del colectivo de investigadores Pedagogía Invisibles, de educación artística, el cual viene desarrollando eventos como Eduppunk, un proyecto en el que los estudiantes construyen conocimiento a partir de las actividades que más les gusta (parkour, bailar encima de las mesas o una fiesta en la cancha de baloncesto) realizadas dentro de la institución educativa.
Dentro de sus libros más destacados se encuentra El aprendizaje de lo inesperado, un texto que surgió de una conversación entre ella y la profesora Elizabeth Ellsworth, docente de la University of Wisconsin-Madison, en el que desarrollan cuestionamientos sobre la pedagogía como una forma de transformación de la sociedad y el papel de los profesores como pioneros de ese cambio.
Diario El Espectador.
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