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“El informe final debe ser un cierre simbólico del pasado y la apertura de una Colombia reconciliada”

Hablemos de Verdad es un espacio que amplía las conversaciones necesarias alrededor de la tarea de la Comisión de la Verdad.

En este espacio, diferentes voces nacionales hablan sobre lo que espera el país del informe final, las verdades que se necesitan, los retos para construir un relato nacional sobre el conflicto armado y la verdad para otros futuros posibles. Si bien las personas entrevistadas contribuyen a un debate amplio y pluralista, sus respuestas no son reflejo de la posición de la Comisión de la Verdad.

En esta segunda entrega de Hablemos de Verdad, Eduardo Pizarro, doctor en Ciencia Política y quien se ha dedicado al análisis de la violencia política colombiana, habla sobre la importancia de que el informe final sea un cierre simbólico del pasado y la apertura de una nueva Colombia reconciliada, en paz, que pueda mirar hacia el futuro.

¿Cómo evalúa el avance en el cumplimiento de los Acuerdos, especialmente en lo relacionado con el derecho de las víctimas a saber la verdad?

Eduardo Pizarro: Yo creo que la experiencia de Colombia es excepcional. En 2005, con la Ley de Justicia y Paz, se creó la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación, yo ejercí la presidencia, y desde ese año comenzó el tratamiento de verdad, justicia y reparación a favor de las víctimas; se creó el Grupo de Memoria Histórica, que luego se convierte en el Centro Nacional de Memoria Histórica, en 2011, y que ha publicado hasta el momento más de 80 volúmenes, sobre todo en acciones que han afectado a las víctimas, ese ya es un avance excepcional.

Cuando hice parte de la junta directiva del Fondo de Víctimas de la Corte Penal Internacional, en la Haya, le llevé a la fiscal Fatou Bensouda de Gambia, los primeros, si mal no recuerdo, 60 volúmenes. Ella estaba muy impresionada por que era mucho más de lo que se había producido en cualquier otra experiencia en el mundo. Recuerdo que ella tenía en su biblioteca el Informe Sábato, de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas de Argentina; el Informe Retting, de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, de Chile; los informes de Sudáfrica, Perú, El Salvador, Guatemala. 60 volúmenes eran excepcionales en términos de construcción de memoria. Por otra parte, se fueron creando las redes de víctimas para la exigencia de derechos. Luego, con los magistrados de Justicia y Paz, se avanzó en el juzgamiento de grupos paramilitares, los veinticinco comandantes fueron condenados a una pena en prisión mínima de ocho años, todos la cumplieron, los 14 que Álvaro Uribe extraditó a los Estados Unidos, siguen pagando sus penas allá. La Comisión tiene ya un acumulado histórico excepcional, por eso yo creo que su trabajo no solamente tiene bases muy solidas desde el 2005 sino estudios desarrollados sobre distintas formas de victimización que ha habido en Colombia y, por consiguiente, su resultado final va a ser, a mi modo de ver, uno de los más excepcionales a nivel histórico si se compara con estas experiencias internacionales.

¿Qué verdades cree que necesita Colombia? ¿Hacia dónde avanzar?

Eduardo Pizarro: Colombia requiere tanto de una verdad judicial como una verdad histórica, la verdad judicial se refiere fundamentalmente a quién le hizo qué a quién, es decir, determinar las responsabilidades individuales y las circunstancias específicas en las cuales hubo centenares de miles de víctimas en Colombia. La verdad histórica busca fundamentalmente determinar los patrones de victimización. En general las comisiones de la verdad responden a cuatro preguntas ¿qué paso?, ¿por qué paso?, ¿quién fue el responsable en términos colectivos? y ¿cómo evitar que se repita en el futuro? Gracias a Justicia y Paz y a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), se está avanzando en la verdad judicial. Tenemos que seguir avanzando es en la verdad histórica, ya tenemos un primer informe, el ‘Basta ya’ del Centro Nacional de Memoria Histórica, ahora la Comisión de la Verdad y su informe final debe responder esas cuatro preguntas a través de la construcción de un relato sobre el pasado que pueda ser compartido por la inmensa mayoría de los colombianos, que tenga elementos con los cuales la inmensa mayoría podamos estar de acuerdo sobre lo que debemos hacer para evitar que se repita la violencia que el país ha sufrido. En ese sentido los informes de las comisiones de la verdad son una suerte de cierre simbólico: de la guerra civil en Centroamérica, de la violencia de las dictaduras militares en el Cono sur, o del Apartheid, en Sudáfrica. Un cierre simbólico que sirve para plantearse un antes y un después y que sirve para pensar en el país soñado, en el país deseable que supera la violencia del pasado. Sería muy importante que el informe final de la Comisión de la Verdad sea ese cierre simbólico del pasado y la apertura de una nueva Colombia reconciliada en paz que pueda mirar hacia el futuro.

¿Cree que eso es lo que el país espera del informe?

Sería negativo generar expectativas excesivas sobre el informe general. Es una cuestión compleja cómo implementar lo que la Comisión considere necesario para superar los factores de violencia. Imagino que la Comisión pondrá acento en la estructura desigual de la tenencia de la tierra, en la necesidad de reformas de las instituciones militares y de los aparatos de inteligencia del Estado, en los cambios necesarios de las conductas de los grupos de izquierda, que deben rechazar en el futuro cualquier uso de las armas para acceder al poder y reconocer las vías constitucionales legales para ello. Un informe señala caminos, pero la implementación es una tarea que va a comprometer a todos los colombianos. En Sudáfrica, el informe de la comisión (donde había un liderazgo tan excepcional como el de Nelson Mandela o una persona de tanta autoridad moral como el arzobispo Desmond Tutu), planteó cambios en la sociedad sudafricana, muchos de ellos no se han realizado a satisfacción y, por consiguiente, todavía el futuro y las tareas para una sociedad multicultural y multiétnica siguen abiertas. Pero lo que me parece importante es que el informe es un hito histórico en la medida que marca un camino hacia el futuro.

¿Cree que hay grupos, sectores o instituciones particularmente reacias a reconocer responsabilidades?

Eduardo Pizarro: Es muy difícil asumir las responsabilidades y es muy difícil reconocer que se cometieron errores. Hay resistencias de sectores de derecha y de sectores de izquierda. Uno de los temas más complejos es que el relato histórico sobre el pasado se convierte en un campo de batalla para ver qué relato favorece a un sector u otro. El Informe Sábato, de Argentina, tuvo un prólogo escrito por el escritor Ernesto Sábato, que planteaba que las acciones del movimiento guerrillero argentino de los años 70 habían desatado una respuesta que era el terrorismo de Estado, a partir del golpe militar en 1976. Néstor Kirchner, cuando llegó a la presidencia, le planteó al presidente de la Comisión de Derechos Humanos del gobierno, que había que cambiar el prólogo de Sábato, porque en 1976 ya la guerrilla estaba derrotada y por consiguiente el único responsable de la violencia era el terrorismo de Estado, las fuerzas militares y otros sectores que se comprometieron en esa brutal represión. Esto generó una indignación enorme en la sociedad argentina porque reescribir el prólogo de Sábato era rescribir el pasado. Esto muestra las dificultades. Sectores de izquierda van a querer que el relato histórico, en alguna forma, justifique su decisión de empuñar las armas, y, por otro lado, las Fuerzas Militares van a querer que se justifique su accionar como una respuesta a la amenaza de los grupos armados. Finalmente va ser muy complejo de satisfacer a todos. La Comisión de la Verdad tiene que tener la suficiente autonomía intelectual, la suficiente estatura moral, la suficiente independencia de espíritu, para construir un relato histórico así moleste los relatos de unos y otros. Tiene que ser un relato lo más equilibrado posible, que escuche todas las voces y que, finalmente, todos los actores, o al menos la inmensa mayoría, reconozcan el esfuerzo de escribir una historia objetiva y que nos permia a los colombianos mirarnos en el espejo del pasado y, sobre todo, a partir de ese espejo del pasado mirarnos hacia el futuro.

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